Hipercolesterolemia

¿Qué es la hipercolesterolemia?

Los colesterol es un tipo de grasa que participa en la formación de membranas celulares y como precursores de diferentes hormonas. Se produce y almacena principalmente en el hígado, y viaja por el organismo unido a distintas proteínas, las más importantes se llaman LDL y HDL.

El colesterol no interviene en el riesgo cardiovascular de forma aislada, lo que importa son los niveles de partículas LDL y HDL. Mientras niveles elevados de HDL son protectores, niveles elevados de LDL aumentan notablemente el riesgo cardiovascular de las personas.

Los pacientes con niveles elevados de colesterol LDL o niveles elevados de triglicéridos tienen más riesgo de sufrir infartos, ictus y otros tipos de enfermedad cardiovascular.

Diagnóstico de hipercolesterolemia

Para diagnosticar hipercolesterolemia medimos los niveles de colesterol en un análisis de sangre tras un ayuno de 12 horas (se puede beber agua).  Niveles de partículas LDL por encima de 116 mg/dl se consideran altos. Sin embargo, solo requieren tratamiento aquellos pacientes que tengan niveles por encima de 190 mg/dl o que presenten otros factores de riesgo cardiovascular.

En pacientes con niveles de colesterol LDL entre 116 y 190 mg/dl se utilizan calculadores de riesgo como el SCORE 2 o pruebas de imagen para medir la presencia de arterioesclerosis (doppler de troncos supraaórticos o CAC score) para decidir si el paciente requiere tratamiento.

Además en la sangre podemos realizar test genéticos si sospechamos la presencia de dislipemias monogénicas como la hipercolesterolemia familiar.

Tratamiento de la hipercolesterolemia

El objetivo en los pacientes con hipercolesterolemia es disminuir el nivel sanguíneo de partículas LDL. Para ello disponemos de las siguientes herramientas: 

1. Cambios de estilo de vida: El nivel de colesterol tiene un fuerte componente genético, por lo que los cambios de estilo de vida tienen un efecto limitado. Sin embargo es imprescindible intentar reducir el consumo de grasas saturadas (en alimentos procesados, o grasas de origen animal), así como aumentar el consumo de fibra y la actividad física.

2. Complementos alimenticios: La suplementación con monacolina K (presente en la levadura de arroz rojo) o con esteroles vegetales puede ayudar a disminuir los niveles de colesterol LDL entre un 10 y un 20%.

3. Fármacos: Solo los fármacos han demostrado prevenir eventos cardiovasculares en estudios científicos, y normalmente son necesarios para llegar a conseguir las cifras de LDL que recomiendan las guías de práctica clínica.

En general este grupo de fármacos cuenta con un excelente perfil de seguridad y balance riesgo-beneficio. Los fármacos con mayores beneficios demostrados y que se usan en primera línea de tratamiento son las estatinas. 

También disponemos, para combinar con estatinas o sustituirlas, de unos fármacos inyectables llamados inhibidores de PCSK9 (anticuerpos monoclonales y ARNm de interferencia) y otros fármacos orales como el ezetimibe y el ácido bempedoico.